En mis sueños: Tú eres una liebre blanca Que huye a propósito Es el peso de mi propio cuerpo El que me impide seguirte El paso y el ritmo De mi corazón Se apaga Se apaga (Se apaga) (Miré por la cerradura) (Si, miré) (¿Qué digo? Miré Para salir de la duda, miré) El peso de estar vivo no se mide Ni cabe en una balanza pero si cupiese Si se pudiera calcular su peso de alguna forma Yo estimo que sería de: Una O dos O tres Toneladas y media O, al caso contrario Estimo que ha de pesar lo mismo que una liebre adulta Difuminando al trote el límite de lo tangible y lo voluble Y lo volátil Desplegando mediante la carrera y el desmedido afán Por perseguir la vida, los pliegues que ocultan las fisuras En la piel de lo prosaico y lo proteico Haciendo visible el pacto que da cuenta de la unanimidad de las cosas Y, a la vez, la suprema quietud en la que las figuras toman distancia y se yuxtaponen Y en la forma en la que hoy me poso y me paro aquí a nombrar las cosas Al testigo como testigo y al oyente como oyente y al artista como artista Como cosas separadas y como cosas que se suman y como cosas que giran pesado Y del mismo modo, una misma lengua costura a todas las cosas A la piedra, el ave A los días y a las noches Y, ¿Por qué no guardar silencio, subir la presencia y que la materia se presente Y diga su nombre sublimando la palabra dura en un ruido pausado? Lento Quieto Muerto Y, se me ocurre que Podríamos levantar un huerto ante estos escombros Y que de los brotes en lo ruinoso Nazca un idioma de los bichos Y que dialogue con un idioma de las flores Y que dialogue con un idioma de las luces Y que dialogue con un idioma de los vientos Y que dialogue con un idioma de las trampas Y que dialogue con un idioma de los días De la risa y de la arcada Que se cruce con la lengua de los cementerios Que habla por mí, que expresa Que hay un entierro en mi memoria Hay un entierro que se alarga en mi memoria Hay un entierro que atraviesa todos los días de mi memoria Y, pese a todo: Yo no me siento parte de esta masa Que me aprieta por las costillas y que dice mi nombre Que sublima cuatro letras y me nombra a su antojo Y lo repite y lo repite y lo repite hasta que mi persona pierde La relación que hay entre mi ser y mi firma Y yo muerdo, masco, rompo este envoltorio Esta máscara triste y corroída Y yo rompo, pero nunca lo suficiente Y establecen las cláusulas indefinidamente tristes Porque un sabor que tengo en el alma me deprime Cosas que escapan de mi manejo Pero en fin Y cuando muera, si es que algo llegase a quedar de mi Entiérrenme con mis peluches